miércoles, 3 de diciembre de 2014



EPÍLOGO ABIERTO

Hoy es el día del médico, así que no me queda otra alternativa que culminar lo escrito con alguna reflexión, no exenta de otras miradas u otros aportes.
En realidad, mi intención con estas notas era la de destacar la personalidad del Doctor Gianantonio y también reflexionar sobre la empatía, a la que he visto descripta como un sentimiento, un comportamiento, un valor, un movimiento activo del espíritu, un compromiso con la vida.
En cualquier caso, digamos que es detenerse, ver al Otro, tratar de entender lo que siente, darle la mano que necesita.
Y algo que suena tan sencillo es difícil, vaya a saber uno por qué. Me parece que todos somos capaces de sentir empatía de cuando en cuando, pero hay personas que la sienten en forma sostenida, constante.

Esas personas que tienden su mano para tomar la nuestra nos ayudan de muchas maneras. Nos abrigan, nos consuelan, nos allanan el camino y en especial, nos hacen sentir más humanos, por el simple hecho de detenerse a mirarnos. 

jueves, 2 de octubre de 2014


21 DE OCTUBRE DE 1995


FUE UN CÉLEBRE PEDIATRA
MURIÓ EL DOCTOR CARLOS GIANANTONIO

A los 69 años, murió anoche el reconocido médico pediatra Carlos Gianantonio, víctima de una enfermedad aguda......
Diario Clarín – 22 de octubre de 1995



"Los discípulos son la biografía del maestro"
 Domingo Faustino Sarmiento

Omar Álvarez Bayón
“...Gianantonio era una persona que inspiraba y profesaba un respeto inmenso, entendía los problemas del otro y ponía el máximo de empeño y esfuerzo para ayudar. Esto lo convertía en un modelo de médico al que todos aspirábamos.”
 “...Su vida y su interés estaban enfocados de una manera incondicional en la medicina, que a su entender era una exposición de amor al ser humano.”
Revista “Hospital y Comunidad” Volumen 5.
 Octubre-noviembre 2002
                                                                               
Dr.  José María Ceriani Cernadas
“Sus enseñanzas estaban fundamentalmente dadas por el ejemplo de su conducta; el solo verlo cómo atendía a un niño o cómo se dirigía a los padres con palabras llenas de consuelo y esperanza significaba un aprendizaje inigualable."
 Carta al diario "La Nación". 23 de octubre de 2005

     
  Dr. Osvaldo A. Blanco
"...Otro aspecto que es necesario tener presente es que la dignidad humana se juega todos los días en la atención del paciente. El médico podrá tener un segundo, cinco minutos o una hora para atender a un paciente, pero darle categoría de persona al que se tiene delante, no depende solo del tiempo disponible, sino de una posición frente a la vida."
Revista “Hospital y Comunidad” Volumen 5.
 Octubre-noviembre 2002

Dr. Daniel Gril
"....
Aprender a mirar en lo invisible
intentar el oficio desde el alma, 
comprender el valor de dar consuelo
por el dolor que cabe en cada lágrima,

entender que en los libros no se enseña
el tamaño que tiene la esperanza,
el amor, los ensueños o el origen
de los duendes que habitan en la infancia..
..."        
Poema "Hasta siempre" dedicado al Dr. Gianantonio. 
"El mejor de los nuestros". Daniel Gril. Fundasap, 1997. ISBN 987-96331-1-3                                                              

martes, 30 de septiembre de 2014



20 DE SEPTIEMBRE DE 1995


Sociedad Italiana
De Beneficencia en Buenos Aires
HOSPITAL ITALIANO  


Sra. Claudia:

            Tan sólo unas líneas para agradecer su carta.

            Confío en que Martín esté avanzando en la solución de su problema ortopédico, tal como es de esperar.

            Deseo también hacerle saber que no pienso retirarme de la práctica de la medicina...

            En cuanto a mi tarea privada y mi compromiso con la docencia y la investigación,
nada ha de cambiar.

            Reciba mi cordial saludo.

                                                                         Dr. Carlos A. Gianantonio



domingo, 28 de septiembre de 2014

10 DE SEPTIEMBRE DE 1995



Estimado Dr. Gianantonio:

            Le escribo estas líneas ante los “insistentes rumores” de su retiro de la práctica médica. Su conversación con Martín parecieron confirmarlo. Como si le dijera, “Ahora podés seguir vos solo" o algo así...Como una despedida.

            Desconozco si esto es así, pero me sentiría mal si en este momento no le transmitiera no sólo mi gratitud sino también todo lo que he aprendido en las ocasiones en las que hemos conversado.

            Usted me enseñó a confiar en mis percepciones, que la ética no es un delantal almidonado sino cuidado del otro, compromiso con el otro. En la intemperie de mi lucha sin cuartel, he sentido su generosidad como un cálido abrigo. Me siento privilegiada por haberlo conocido – otro de los bienes que Martín me ha brindado.

            Hasta pronto.
           
            Un fuerte abrazo,        

                                                                                       Claudia



sábado, 27 de septiembre de 2014

                                                                                                              La muerte no es más que un cambio
                                                                                                              de misión.
                                                                                                                                             León Tolstoi


Soy Claudia

            El Doctor Gianantonio había sido sometido a una intervención hacía escasas dos semanas. No trabaje tanto, había sido la firme recomendación de sus colegas. Él siguió, sin prisa y sin pausa, a sol y a sombra, comprometido, apasionado.

            En ese entonces, lo llevé a Martín a su visita semestral. Luego de la consulta, el doctor sentó a Martín, que ya tenía cinco años, frente a él y con voz de caricia le dijo:

-         Mirá Martín. Yo ya soy un señor grande y pelado, pero vos me enseñaste cosas muy importantes, sobre todo que vale la pena tanto esfuerzo, el tuyo y el mío también. Has superado un montón de dificultades, y aquí te tengo, sanito enfrente de mí. Te felicito. Ahora, a crecer y disfrutar m'hijo.

-          Yo tengo un video de Mickey que te va a encantar – contestó Martín en el mismo tono grave, en respuesta a no sé qué mutuo entendimiento.

           Las palabras del Dr. Gianantonio resonaron de una forma particular en mis oídos, especialmente por ese tono de suave tristeza que parecía contener un mensaje cifrado. Cuando llegué a mi casa, me senté a escribir la carta que reproduzco en la próxima página.

martes, 23 de septiembre de 2014

                                                                                                              La mujer cree en los milagros
                                                                                                              porque ella los hace.
                                                                                                                                             André Maurois


Mi nombre es Cristina

            Yo me casé muy joven y tuve mi primer hijo a los 20. Ignacio se llama.

            Nacho tenía cuatro años y ya lo habían operado un montón de veces de sus rodillas y sus pies. El pobre tenía que aguantar meses con unos yesos incómodos y molestos. Lo soportaba todo con una entereza increíble pero, claro, las heridas y los yesos dolían, y mucho.

            Cuando hubo que operarlo otra vez más, tendría cinco años en ese momento, le fui a preguntar al Dr. Gianantonio qué podía hacer con  los dolores.

-         Nachi se banca bien las operaciones – le dije – pero sufre mucho en los días siguientes y mientras tiene los yesos. No sé cómo hacer para que no le duela tanto. ¡Los calmantes no alcanzan!
-         Mire, yo en su lugar, tendría a mano un tecito o una golosina a la que usted le atribuya el poder mágico de aliviar el dolor, pero lo importante es que Ignacio sienta que se lo da como el último, el supremo recurso.
           
La verdad, yo no estaba muy convencida con lo que me dijo, pero igual, perdido por perdido, me dije, lo voy a intentar.

            Una vez en casa después de la operación, Nacho empezó a quejarse. Para mí, verlo sufrir y no poder hacer nada era lo peor que me podía pasar. Se me secaba la boca, se me hacía un nudo en el estómago y rezaba y rezaba con desesperación. Me acuerdo que ponía mi cabeza al lado de la suya para que me "pasara" el dolor a mí. ¡Loca estaba! Le di el calmante que me dio el cirujano y por suerte, el dolor disminuyó un poco pero Nachito, que no era de quejarse, seguía llorando. En ese momento, junté coraje y, tratando de sonar convincente, le dije:

-         Bueno Nachi, creo que te duele tanto que te voy a dar un té muy especial para curar los dolores, pero tenés que tomarlo traguito a traguito para que te haga efecto.

            Nachito me miró ilusionado y estaba muy ansioso: quería que le preparara el té cuanto antes. Se lo llevé en una taza de porcelana lindísima que había heredado de mi abuela. Lo hice todo como un rito. Cuando terminó de tomarlo, se acostó en la cama y empezó a respirar más tranquilamente.

            La mañana nos sorprendió apaciblemente abrazados y dormidos.


lunes, 22 de septiembre de 2014

                                                                    Un gran hombre sólo tiene una preocupación:
                                                                     hacerse lo más humano posible.
                                                                                                                   André Gide                                                   
                                                                                                                          



Mi nombre es Martina.
Habían pasado quince días desde la operación de Gabrielita. Una de las tantas a las que había sido sometida en sus escasos cinco años. Yo no podía creer que ya todo había pasado. Los riesgos, los miedos, los dolores, las noches de vigilia, la soledad del hospital por la noche. La noche. Pensé en la noche como un hada perversa que llena de orfandad a todos los  que comparten el desvelo.
            Cuando la llevé para el control, con la esperanza de que me dieran permiso para pasearla, escuché con estupor que había que intervenirla nuevamente... y en forma inmediata. La pesadilla otra vez.
               Con infinita zozobra, recurrí al Dr. Gianantonio, que ya estaba al tanto de lo ocurrido.
-         Mire señora, esta intervención ha tenido malos resultados. Debemos sacar a su hija de esta situación, y cuanto antes, mejor. Ella tiene suficiente salud física y emocional para resistirlo - dijo, interpretando mis miedos.
Vencida, le dije al doctor que quería sacar a Gabriela cuanto antes del hospital después de la operación.
-         Se lo prometo – fueron sus palabras.
Pasados dos días de la segunda operación, llamé al médico de guardia y le pedí que le
sacara el suero a Gabriela. Nos vamos, le dije.
-         No, señora. Es imposible.
-         Nos vamos- insistí.
El Dr. Gianantonio, que acababa de entrar, fue directamente a revisar  a Gabrielita y dijo:
-         Sáquenle el suero. Esta niña se va. – ante la atónita mirada del médico de guardia.
Cuando llegamos a casa, las paredes estaban cubiertas de guirnaldas y de carteles que

decían “Bienvenida, Reina”. Y Gabrielita comenzó a sonreír otra vez.