viernes, 29 de agosto de 2014

“Yo considero un crimen matar la esperanza...Hay que lograr que los padres la dimensionen también, es decir que la esperanza debe estar proporcionada a la realidad…Finalmente, el único animal que tiene este sentimiento es el hombre. Los animales y otras especies no tienen esperanzas. Nosotros vivimos en gran medida de esperanzas y las renovamos cada mañana. No deben matarse estas esperanzas.

Si esta esperanza la analizamos en base a algunas anécdotas podremos ver que difícilmente se agota en su totalidad. Yo recuerdo hace mucho tiempo en un hospital de Estados Unidos a una señora muy anciana con cáncer, con metástasis generalizada. Ya estaba internada esperando su muerte. Pero un día, al hacer los médicos el pase de sala, les pidió que la ayudaran a poderse llegar hasta la casa de su hijo que se casaba en dos días y les dijo: “Éste es mi único hijo y quiero acompañarlo en la fiesta”. Todos la ayudaron, se la transfundió, se la mejoró para que pudiera acudir a esta ceremonia y a la vuelta la esperaban ansiosamente para ver como había andado todo. Ella estaba emocionada y contenta y agradecida por esa posibilidad. Sin embargo cuando la llevaron a su habitación de muerte se dio vuelta y le dijo al jefe del servicio: “Doctor, no se olvide que dentro de cuatro meses se casa mi única hija”. Esto muestra hasta dónde la esperanza tarda mucho en morir, aun en personas ancianas que ya son conscientes del fin de sus días.

Hace poco tuvimos una niñita en nuestro servicio condenada a muerte por un padecimiento que le decía a la mamá: “ Juntemos el dinero que nos queda y vayamos a dar una vuelta al mundo”. En las etapas finales de su existencia seguía diciendo lo mismo pero ya no se animaba a pedir una vuelta al mundo, sino sólo una vuelta a la manzana.”
Carlos A. Gianantonio

(Extraído de “El niño críticamente enfermo". Sobre idea de la Sociedad Argentina de Pediatría. Realizada por CIBA-GEIGY Argentina. División Farmacéutica).

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