“Yo considero un crimen matar la
esperanza...Hay que lograr que los padres la dimensionen también, es decir que la esperanza debe estar proporcionada a la realidad…Finalmente,
el único animal que tiene este sentimiento es el hombre. Los animales y otras
especies no tienen esperanzas. Nosotros vivimos en gran medida de esperanzas y las
renovamos cada mañana. No deben matarse estas esperanzas.
Si esta esperanza la analizamos
en base a algunas anécdotas podremos ver que difícilmente se agota en su totalidad.
Yo recuerdo hace mucho tiempo en un hospital de Estados Unidos a una señora muy
anciana con cáncer, con metástasis generalizada. Ya estaba internada esperando
su muerte. Pero un día, al hacer los médicos el pase de sala, les pidió que la
ayudaran a poderse llegar hasta la casa de su hijo que se casaba en dos días y
les dijo: “Éste es mi único hijo y quiero acompañarlo en la fiesta”. Todos la
ayudaron, se la transfundió, se la mejoró para que pudiera acudir a esta
ceremonia y a la vuelta la esperaban ansiosamente para ver como había andado
todo. Ella estaba emocionada y contenta y agradecida por esa posibilidad. Sin
embargo cuando la llevaron a su habitación de muerte se dio vuelta y le dijo al
jefe del servicio: “Doctor, no se olvide que dentro de cuatro meses se casa mi única
hija”. Esto muestra hasta dónde la esperanza tarda mucho en morir, aun en
personas ancianas que ya son conscientes del fin de sus días.
Hace poco tuvimos una niñita en
nuestro servicio condenada a muerte por un padecimiento que le decía a la mamá:
“ Juntemos el dinero que nos queda y vayamos a dar una vuelta al mundo”. En las
etapas finales de su existencia seguía diciendo lo mismo pero ya no se animaba
a pedir una vuelta al mundo, sino sólo una vuelta a la manzana.”
Carlos A. Gianantonio
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