miércoles, 3 de septiembre de 2014

                                                                                     Las ideas deben estar constantemente
                                                                                     puestas al servicio del consuelo
                                                                                                 José Ma. Cabodevilla S.J.



Mi nombre es Inés.

            Yo sabía que tenía una especie de código en común con el Doctor Gianantonio: El del humor. Sabía, además, que contaba con él.
            Tengo una hija que nació con una enfermedad crónica que la obligaba a un control médico constante. Lo más difícil para mí era tratar de mantener en su espíritu el candor, la confianza y la alegría de la niñez. Tenía siempre presentes esas palabras tan repetidas por el Doctor: "En la infancia perdida de Judas, Cristo fue traicionado”.
            Al principio, tuvimos que realizar innumerables consultas médicas con especialistas. Yo me sentía abrumada y en uno de mis habituales impulsos, me fui al consultorio. El Doctor Gianantonio me hizo pasar inmediatamente.
-         Doctor. Usted es un problema para mí – le dije con cara de risueño enojo.
-         ¿Yo? ¿Qué le hice que no me di cuenta?
-         Es que usted me deriva a los especialistas y cuando me preguntan quién me manda y se enteran de que es usted, me llenan de estudios para hacerle a Mariana, y a esta altura, me pregunto si se trata de celo profesional o de “hacer los deberes” con usted. Pero en el medio está mi hija, cada vez más cansada, más aterrada, más deprimida.
-         Comprendo. A ver. Muéstreme los estudios que le encargaron.
Una vez analizados, el Doctor me dijo
-         Señora, le agradezco que haya venido, porque yo no me daba cuenta de que esto podía suceder y de ahora en más lo tendré muy presente. En medicina, se le llama iatrogenia y la debemos evitar. Hoy voy a hablar con mi colega porque creo que sólo se necesita un estudio ¡Y perdóneme por favor, por haberle causado problemas!
Recuerdo cómo nos reímos los dos.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario