"Recuerdo una situación que me enseñó mucho. Varios médicos, todos jóvenes y relativamente inexpertos, pero bastante informados y con muchas inquietudes, estábamos viendo un chico que tenía un tumor cerca del quiasmo óptico. El tumor en sí era benigno, no había peligro de muerte, pero con el tiempo dañaría zonas muy importantes. Entonces había que sacarlo en algún momento. El sacarlo implicaba dejar ciego al niño.
Nuestra mayor preocupación era determinar el momento oportuno. Si se lo sacábamos en ese momento quedaba ciego inmediatamente, si uno lo sacaba demasiado tarde podía tener secuelas de otro tipo. Buscamos bibliografía e hicimos una serie de especulaciones y cálculos y llegamos a la conclusión que lo mejor era operarlo dentro de un año.
Ésta fue la conclusión que orgullosos le presentamos a Gianantonio. Entonces él nos felicitó pero al mismo tiempo llevó nuestra mirada hacia el niño con la siguiente inquietud:
- ¿Se han preguntado cómo va a vivir este chico cuando quede ciego? ¿Qué cosas no se pueden aprender sino es con la vista? ¿Qué experiencias podríamos acercarle al niño este año? ¿Conocerá el mar este chico? ¿Será más fácil aprender Braille mientras uno ve que luego de quedar ciego?
Creo que la anécdota habla por sí misma. Gianantonio entendía la salud como la posibilidad de que alguien pueda desarrollar su proyecto de vida y expresar su potencial al máximo. Eso hacía que los pacientes no olvidaran la consulta con Gianantonio. Quedaban con algo para toda la vida."
Doctor Osvaldo Agustín Blanco.
Extraído de “Hospital y
Comunidad”. Hospital Italiano. Volumen
5. Año 5. No. 5 Octubre-Noviembre 2002. ISBN9874353171. Informe y producción
periodística Angel Jankilevich
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